miércoles, 21 de octubre de 2009
lunes, 19 de octubre de 2009
Revisión de los 2 meses
Hoy hemos ido al pediatra para que le hicieran a Lucía la revisión de los 2 meses.
Lucía ya pesa 6,140 kg y mide 58 centímetros, y según el criterio del médico, "es una niña muy grande" y se encuentra perfectamente bien.
Le ha hecho las pruebas rutinarias, ojos (si sigue objetos con la mirada) y oídos (si se sobresalta con ruidos fuertes o le atraen otros ruidos), le examinó la piel (la notó un poco seca y le mandó una pomada específica) y los reflejos de las piernas. También miró si ya sostenía bien el cuello, cogiéndola de los brazos y levantándola un poco.
Hasta aquí todo bien, e incluso sonrió un poco al pediatra (cosa que también se apunta en el historial).
Lo malo vino después, ya que le tocaron las vacunas, y le dieron tres pinchazos en las piernas (dos en la izquierda y uno en la derecha).
Ya con el primero comenzó el llanto, que con un poco de chupete y hablándole intentó relajar. Pero al segundo y pinchazo, su carita se puso rojísima y el llanto era inconsolable. Después vino el tercero (y último, por suerte) y ya casi se había quedado sin aire.
Si ella lo pasó mal por los pinchazos, yo lo pasé peor al verla así, y con sus ojitos llenos de lágrimas.
Apenas salimos de la consulta, le di un poco de pecho, a ver si podía consolarla y tranquilizarla, pero casi no podía parar de llorar. Sólo después de un buen rato de teta pareció calmarse, con lo cual la puse en el cochecito y salimos. Por suerte el movimiento la relaja bastante y el camino a casa fue más silencioso y tranquilo.
Para evitar posibles malestares, consecuencia de las vacunas, el pediatra le ha mandado Apiretal; para la piel una pomada y como apoyo al calcio, Vitamina D3.
Veremos cómo pasamos esta noche, mientras actúan las vacunas y a ver qué tal se encuentra mañana.
La próxima visita al médico, será a los 4 meses, un poco antes de navidades.
sábado, 3 de octubre de 2009
viernes, 18 de septiembre de 2009
Ya ha pasado 1 mes!
Ayer, día 17 de septiembre, Lucía cumplió un mes de vida. Se nos ha pasado volando este tiempo y va creciendo a pasos agigantados.
También le tocó ir a la pediatra para las pruebas rutinarias del primer mes y ¡vaya sorpresa!
De los 51 cm que tenía al nacer, ahora ya tiene 55 cm. Y de los 3,950 kg con los que salió al mundo, ahora ya tiene 5 kg.
Cada día que pasaba yo la notaba un poco más grandecita, pero creía que estaría apenas pasadita de los 4,500 kg.
Considerando todas las comidas diarias que hace no se puede decir que no se alimenta muy, pero que muy bien. Y aún así la pediatra le ha mandado vitaminas.
La pediatra le hizo también las pruebas de reflejos, de la vista y otras cosillas más.
En la siguiente revisión (a los 2 meses) le hará las mismas pruebas y además le tocan las vacunas, que ya veremos cómo se lo toma Lucía eso de los pinchazos.
jueves, 3 de septiembre de 2009
martes, 1 de septiembre de 2009
sábado, 29 de agosto de 2009
La aventura de un nacimiento: Dilatación y Parto
Una vez ingresada en el Hospital pasé un nuevo reconocimiento, con una chica joven y muy respetuosa con los dolores que estaba sintiendo.
Dentro de su consulta ya me despojé de la ropa y me puso una bata, para pasar a la habitación donde pasaría el proceso de dilatación y demás cosas.
En el brazo izquierdo, me pusieron una catéter de plástico (Leo creía que era una aguja) por donde me administraban suero, para evitar la deshidratación. Y en el otro brazo, más o menos a cada hora, me tomaban la tensión.
Al principio, mi idea era la de no ponerme la anestesia epidural. Creí que sería posible aguantar los malestares, pero luego sí que la pedí, sin importarme nada de lo dicho antes. Tuve que firmar una serie de impresos (uno de ellos el referente a la anestesia) y sin dudarlo hice un garabato dando mi consentimiento.
Una de las cosas más incómodas del proceso de la anestesia, fue el aplicarla. Yo pensaba que sería tumbada de lado, colocando la espalda lo más curvada posible, pero no fue así. Tuve que estar un buen rato sentada y sin mover un músculo (cosa difícil con las contracciones). Para ello, cuando sentía que me venía una contracción se lo hacía saber al anestesista para que no se moviera él tampoco.
Hay que tener en cuenta que para aplicarla te tienen que pinchar entre dos vértebras de la columna, y si se equivocan o hay un ligero movimiento, puede haber consecuencias no queridas ni esperadas.
Después de un buen rato inmóvil, sentada en la cama, pude volver a recostarme y me pusieron la anestesia, esperando que hiciera efecto. Pero, cada poco tiempo iba moviendo los dedos de los pies y seguía sintiéndolos, con lo cual empecé a sospechar que algo no estaba funcionando... la anestesia no me hizo ni cosquillitas.
Cuando se lo dijimos a las enfermeras, volvieron a llamar al anestesista y me puso otra ración... y tampoco tuve alivio, más allá del frío en la espalda cuando la estaban introduciendo.
Las horas pasaron, y Leo me iba refrescando la cara y abanicando con lo que tenía a mano, lo cual se agradecía y mucho. También me pasaba (sin que lo supieran las matronas) un botellín con agua, para darle un sorbito de vez en cuando. La verdad es que se pasa bastante sed y calor con el trabajo de dilatación.
Más tarde (por la ventana veía que estaba oscureciendo fuera) vinieron dos de las chicas que me estaban atendiendo y me dijeron que me iban a poner una sonda para aliviar la vegija de líquidos. Una cosa que no tenía yo prevista y que al principio resultó bastante incómoda, pero que cuando se vació resultaba un alivio. Y esto se repitió cada hora, más o menos.
Otra cosa que también intentamos fue el cambio de posición, para ver si me aliviaba los dolores. Yo pensaba que la posición a cuatro patas sería más cómoda, pero resultó ser todo lo contrario. Ni así, ni de lado. Es más, casi no me podía dar la vuelta para probar, por lo que al final opté por quedarme de espaldas, aunque con el respaldo de la cama bastante vertical.
También venía cada poco tiempo la matrona para comprobar (con sus dedos) cuánto tenía de dilatación. Eso no habría sido tan molesto si no fuese por las contracciones. Una cosa sumada a la otra no fue nada cómodo. Pero había que hacerlo y punto.
Entre esas visitas, Leo estaba conmigo y fue muy bonito escucharle decir que veía la cabecita asomando cuando yo tenía una contracción. Al hacer las respiraciones y los pujos tal como me dijeron las matronas, él podía ver cómo se iba acercando a la salida. Pero aún faltaba un empujón más.
Sobre las 23:30 aproximadamente, me hicieron la última exploración y decidieron pasarme al paritorio. A Leo le dieron la ropa adecuada para que estar en la sala, y mientras se cambiaba a mi me trasladaron.
Creo que la peor parte de todo fue el tener que pasarme de una camilla a la de parto, con las piernas sobre los soportes. Pero no fue tan grave la cosa, porque la comunicación con las matronas fue muy buena, respetaron mis tiempos y me animaban y aconsejaban.
Lo que recuerdo del paritorio, fueron tres contracciones. Con la primera, la ginecóloga dijo que ya tenía casi toda la cabecita afuera. Con la segunda, una matrona se puso sobre mi abdomen y empujó con su brazo hacia abajo; yo cogí aliento profundamente y di un grito enorme, con lo cual mi niña ya tenía casi todo el cuerpecito fuera. La matrona me dijo que no gritara, a lo que contesté que era lo que me apetecía en ese momento (yo sólo seguía mis instintos básicos). Y con la tercera contracción, ya terminó de salir Lucía y nada más pasó, me la pusieron encima del pecho, mientras le pasaban unas toallas para secarla y que no perdiera calor.
Yo me aparté la bata que me cubría el pecho, mientras y la abracé todo el rato. Cuando pude cogí una de las toallas que traían y le sequé la cabecita. Lloró un poco y enseguida se calmó sobre mi pecho. Después de cortarle el cordón umbilical, la llevaron un par de metros de mi, para hacerle los chequeos correspondientes (siempre bajo la atenta mirada de Leo) y para pesarla mi medirla.
Casi todas se quedaron asombradas de todo el pelo que tenía en la cabecita y de lo grande que había salido. Cuando una de las matronas dijo que "a ver cuánto pesa", yo dije que 4 kg, y otra matrona dijo que "no, que como mucho 3,5 kg".
Pero acerté, yo sabía que eran 4 kg y resultaron 3,990 kg.
Mientras pasaba eso, la ginecóloga me daba unos puntos en el perineo porque se había producido un desgarro. Aunque yo no sentí nada en su momento, pero sí había pasado. En cierto momento me dijeron que me iban a hacer la episiotomía (una pequeña incisión en esa parte para evitar el desgarro) pero no dio tiempo, porque la salida de Lucía fue muy rápida.
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